Las pasiones del alma: un recorrido emocional por el Museo del Prado

La experiencia didáctica que comparte Félix González Chicote profesor de Ciencias Sociales, nació en el curso 2015-2016 cuando se encargó de la docencia del ámbito sociolingüístico asociado a los nuevos Programas de Mejora del Aprendizaje y el Rendimiento que incluyen diversas materias, Geografía e Historia, Lengua y Literatura y Ética.

El reto permitía abordar y trabajar con un asunto que siempre me ha interesado: las formas alternativas de vertebrar los contenidos curriculares, conjugando las disciplinas del ámbito de una manera más integrada y desfigurando las fronteras académicas entre asignaturas. El proyecto, por tanto, debía integrar el debate ético-filosófico pasión-razón, el arte barroco en el marco del Museo del Prado y los campos semánticos. Así, tanto el título como las seis pasiones básicas que organizan el trabajo provienen de la obra Las pasiones del alma con la que iniciamos el trabajo debatiendo en clase sobre la motivación de nuestros comportamientos y concluyendo que somos una mezcla a tiempo parcial de pasiones y razones, de impulsos e intereses. Situados los alumnos en este escenario, el debate entre razón (racionalismo) y experiencia (empirismo) cobraba una dimensión práctica, servía también para reconsiderar algunos de nuestros hábitos cotidianos, sus motivaciones e inercias.

El paso siguiente consistió en conectar la experiencia con las sensaciones y, para ello, teníamos dos buenos aliados: las pasiones básicas definidas por Descartes y las maravillosas obras de arte dispersas por las salas del Museo del Prado. Una vez establecidos los dos ejes de nuestro proyecto nos fuimos a buscar la admiración, la tristeza, el amor, el deseo, la alegría y la furia en aquellas obras artísticas que, de manera directa y sin mediaciones, nos impresionaban, conmovían o nos provocan unos determinados estados de ánimo. En este punto el debate estaba servido y, de forma repentina, nos encontramos hablando sobre la tristeza en las lágrimas del ángel de Antonello da Messina, la melancolía en la mirada de la condesa de Chinchón, la ira en los ojos de Saturno o de la alegría asociada a las fiestas y al vino. Sin embargo, el torrente de sensaciones necesitaba encauzarse para, de ese modo, convertirse en un aprendizaje de y desde las emociones. El primer paso consistía inevitablemente en educar nuestra mirada, aprender a mirar las obras de arte implicaba algo más que conectar nuestras observaciones y sensaciones, había que saber leer y descifrar las imágenes, para ello teníamos las herramientas del lenguaje artístico (estilos, formas, color, composición, etc..), los valores de la época (contexto histórico) y, por último, la riqueza semántica y la multitud de matices asociados a las emociones que estábamos analizando.

Finalmente decidieron elaborar una web sobre su trabajo en el aula que incluyera las pasiones estudiadas, las obras de arte asociadas y los campos semánticos que habíamos elaborado. El resultado, a nivel aprendizaje, fue muy positivo y, desde el punto de vista didáctico, los alumnos no dejaron de subrayar algo que por evidente se olvida, la necesidad de conectar el contenido curricular con las experiencias vividas, de deslindar parcelas entre asignaturas y de intentar involucrar las emociones en la apasionante tarea diaria de enseñar y aprender. Todo ello quedó incluido en el diario de 3º PMAR.

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